El Cristo de la Viga. La devoción marinera que llegó a Villacañas

Cuentan que unos marineros, en su viaje a Las Indias, se encontraron con una tempestad que hizo zozobrar su barco. La furia del mar era tan grande, que temieron por sus vidas. Fue la fe lo que los salvó, porque al suplicar al cielo para vencer los elementos, un Cristo apareció en lo alto del palo mayor, rodeado de ocho danzantes que, al terminar su baile, lograron amainar la tormenta y salvar de la muerte a la tripulación. Cuentan también que uno de aquellos tripulantes era de Villacañas y llevó hasta su pueblo la devoción por este Cristo marinero

Sociedad 1 de mayo de 2021

El Cristo de la Viga es el patrón de Villacañas y la devoción por él viene de antiguo. Fue la Orden Militar de San Juan de Jerusalén la que, en el siglo XIII, organizó la Cofradía del Santísimo Cristo.

Este origen militar hace que los cargos de los cofrades respondan a nombres castrenses. Como el Mariscal, que es el presidente, el Capitán, Sargento Mayor y Abanderado.

Además de esta parte solemne, haciendo honor a la leyenda, ocho Danzantes acompañan cada año al patrón villacañero, honrándole con sus danzas y dichos.

El punto de humor lo pone el de la Porra, con sus chascarillos que satirizan los deslices y aconteceres de las gentes del pueblo y de autoridades como el párroco o el alcalde.

Otros dos personajes que forman parte de la fiesta son el Alforjero –que se encarga de guardar los palos para el baile- y el maestro, encargado de preparar las danzas.

La Puja

El ciclo festivo en honor del Cristo de la Viga comienza el día de San José, el 19 de marzo, con una puja por ocupar los puestos de Danzantes, Porra, Alforjero y maestro.

“Ser danzante es un privilegio y se vive con mucha devoción”, comenta Ángel Novillo, 18 años consecutivos como danzante y los últimos como maestro. “Para mi es la ilusión de mi vida y la razón de mi existir”.

Y es que sin esa fe no se entendería esta puja, ni las largas listas de espera, algunas de casi 100 años, que tiene la Cofradía para acceder a los oficios de guía, celador o mozo y ayudar en el desarrollo de actividades y procesión. Como explica el Secretario de la Cofradía, Ángel Privado.

La imagen del Cristo

“Para Villacañas, el Cristo de la Viga es mucho más que su patrón. No es muy habitual en otros pueblos ver la emoción y la devoción que, jóvenes con 15 años, tienen por él”, apunta el alcalde José Antonio Sesmero.

“El Cristo de la Viga une a Villacañas”, ratifica el maestro de los Danzantes.

Sorprende que, un Cristo tan pequeño –porque la imagen no es de gran tamaño- despierte tanta devoción. Pero incluso la historia de esta talla está unida a la fe.

Tras la Guerra Civil, Villacañas había perdido la imagen original del Cristo y un sacerdote, Don Ramón Marín López-Prisuelos, que realizaba su labor misionera en Filipinas, en agradecimiento a los favores otorgados por su patrón y como símbolo de su devoción por él, encargó la talla que hoy se venera.

“Como la imagen se realizó en Filipinas, se cree que se hizo al tamaño medio de los oriundos de estas islas y, por eso, es de talla más baja”, explica el Mariscal de la Cofradía del Cristo, José Antonio Sesmero.

Fiesta de Interés Turístico Regional

Desde el 27 de noviembre de 1991, las fiestas del Cristo de la Viga cuentan con la denominación de Interés Turístico Regional.

Su singularidad, los más de 500 años que se lleva celebrando tal y como la conocemos hoy en día y la perfecta amalgama entre la fiesta religiosa y el espíritu popular, la hicieron merecedora de este título.

“La Fiesta es importantísima para Villacañas. Todo el pueblo participa y, el 1 de mayo, el día grande, la procesión es multitudinaria y no cabe un alfiler en la iglesia cuando entra el Cristo. Es algo mágico”, explica el alcalde.

Una fiesta mágica que se contagia a los visitantes que disfrutan del lado más popular, el del colorido de los trajes de los Danzantes, sus bailes y la música. “Aunque sea una fiesta religiosa, es también muy alegre, divertida y popular”, añade Sesmero que, desde el Ayuntamiento, intenta aportar cada año al trabajo de la Cofadría con la programación de conciertos y otras actividades.

Los Danzantes

El 27 de abril comienza oficialmente la fiesta con la primera danza. Paloteos y cordón en la puerta del Mayordomo del Capitán. Danza que se repite los dos días posteriores con Abanderado y Sargento Mayor.

El 30 de abril, los Danzantes y la Cofradía en Pleno van hasta la ermita de la Virgen de la Concepción, para bailar en su explanada, vestidos con pantalón y chaleco oscuro. Por la noche, recorren el pueblo haciendo cuatro danzas frente a las casas del Sargento, Abanderado y los hermanos que tienen el Cristo y el estandarte.

El día grande, el 1 de mayo, los danzantes muestran su atuendo más vistoso.

Para lucirlo, necesitan dos horas de preparación. Son vestidos por mujeres, en riguroso orden de prendas. Siempre de dentro hacia fuera. Primero la ropa interior (medias, pololos, enaguas…) luego las zapatillas y, finalmente, todos los ornamentos (cintas, lazos y caídas)

El traje de los danzantes cuenta una historia simbólica, representativa de la pasión de Cristo. Las ligas que llevan en los brazos representan los clavos de la pasión. La cinta anudada a la cabeza, la corona de espinas…

Las faldas de terciopelo rojo adornadas con estrellas doradas son iguales a las de la imagen del patrón. Debajo, tres enaguas blancas, una de ellas almidonada. Las zapatillas son blancas y decoradas con bordados rojos el día grande, azules la víspera. Sobre una camisa blanca, una faja roja que termina en un lazo, que se coloca según en la fila que va el danzante.

La pieza más vistosa del traje es la caída, un lazo blanco grande –bordado o pintado con motivos primaverales y religiosos- que se ciñe a la cintura y del que salen las cintas de arcos que cruzan la espalda del danzante.

Se trata de un atuendo, con cierto peso, que los danzantes mueven con soltura durante sus danzas, dentro y fuera de la iglesia parroquial.

Las Danzas

Los días previos al 1 de mayo, las danzas que se desarrollan son la del cordón –que consiste en bailar entrelazando unas cintas de colores alrededor de un palo- y los paloteos, pasos en los que los danzantes van golpeando unos palos al ritmo de la música.

Pero, la danza más esperada, es La Marcha Real, que interpretan el día grande en la iglesia de la Asunción ante el Cristo de la Viga.

Dichos y Chascarrillos

Es también el 1 de mayo, tras la misa, cuando los Danzantes y el de la Porra sueltan sus dichos y chascarrillos, ante vecinos y visitantes, en el Auditorio de la Glorieta del Prado.

Los dichos son poemas, normalmente sonetos, que hablan sobre la Pasión, la tradición religiosa o la historia del Cristo de la Viga. Se interpretan siguiendo un ritmo y movimiento marcado y mirando al suelo, en señal de respeto.

Todos los danzantes dicen sus dichos, incluido el de la Porra que, después, se permite el lujo de soltar los chascarrillos. Precisamente, los chascarrillos, son la misión de esta figura que se compara con el bufón de los Danzantes.

El de la Porra va vestido con chaleco y calzón rojo decorado con estrellas doradas y lleva en su mano una efigie barbada, vestida con enaguas blancas la víspera de la fiesta y rojas el día del Cristo.

“La figura del Porra se sale del estilo solemne de la oración” -explica quien detenta este cargo, José María Prisuelos- “Ofrece una crítica constructiva de las cosas que han sucedido en la ciudad y critica, siempre con respeto, a las principales autoridades, como el cura o el alcalde. Aunque lo que yo quiero es danzar, sí que le coges el gustillo a ser Porra, porque te permite trasladar la opinión del pueblo y, en ocasiones, mejorar las cosas”.

Nostalgia y Esperanza

Sin duda, el Cristo de la Viga es una fiesta peculiar, que une religión, tradición y folclore y que, como otras, en 2021 ha vuelto a quedarse en suspenso por la pandemia.

Pero, villacañeras y villacañeros, no se olvidan de su patrón y lo veneran, con cierta nostalgia de tiempos mejores, y con la esperanza de poder sacarlo en procesión y celebrar la fiesta por todo lo alto el 1 de mayo de 2022.

Este es también el deseo del alcalde.

“Como decimos en Villacañas, ‘ya se ve la punta’, porque todos estamos poniendo de nuestra parte y cumpliendo las medidas sanitarias. Este año le pedimos al Cristo que termine esta pandemia y que, el próximo 1 de mayo, podamos celebrar la fiesta como él se merece”.

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